¿Y la propuesta de valor en forma de “menú niños”?

Jaime Jiménez De Mendoza Chef Instructor y Docente de Gastronomía Santo Tomás Rancagua

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Jaime Jiménez De Mendoza Chef Instructor y Docente de Gastronomía Santo Tomás Rancagua

Históricamente, el menú infantil se ha planteado de una forma tan equívoca como ilógica y a través de este formato se han potenciado los principales estandartes de la industria “alimentaria”: los “alimentos” procesados (hamburguesas, vienesas, nuggets, etc.). Son productos que lo único que garantizan en términos reales es la durabilidad de los mismos, pero están lejos de responder a parámetros de calidad nutricional. Es más, en ellos se encuentran algunos de los ingredientes más nocivos de la industria.

Algunos de estos ingredientes presentes en el cada vez más manoseado concepto de “Menú Niños” son el glutamato monosódico, las grasas trans y aceites vegetales, sabores artificiales (asociados a sabor idéntico al natural), colorantes artificiales, sodio en altas cantidades, conservadores, etc. Y están presentes en bebidas de fantasía, productos procesados, postres y otros. También podríamos agregar acerca de la estructura del “menú niño” convencional que sus guarniciones obligadas son por lo general ricas en calorías y más sodio, conformadas comúnmente por distintas especialidades de papas, por lo general sometidas a fritura o procesos parecidos, y muchas veces desconocidos.

Este es el triste panorama que ante los ojos de niños fascinados se presenta en forma de un arma alimentaria nociva y a su vez silenciosa. Si bien no genera daños a corto plazo, podría ser tremendamente peligrosa a largo plazo. ¿Cómo lo detenemos? Generar soluciones a este respecto supone generar un cambio en los hábitos alimentarios a todo nivel. En un país sin cultura alimentaria, ni menos gastronómica, poder concientizar a los consumidores a no demandar productos “tradicionales” en su canasta de compras es una tarea difícil.

Es importante que exista un proceso que se inicie de la primera infancia y que tenga que ver con la educación del gusto, concepto creado por Slow Food International (movimiento internacional de conciencia alimentaria), en su afán por promover alimentos buenos, justos y limpios.

Cito su fundamento desde su página: “Si conocemos el origen de nuestros alimentos, las personas que los producen y los métodos de producción, tanto los niños como los adultos aprenderemos a combinar el placer con la responsabilidad en nuestras elecciones diarias, así como a apreciar el impacto social y cultural de la alimentación”.

Creo que los términos asociados a la educación del gusto deben ser fortalecidos y enseñados en las edades más tempranas, desde los hogares hasta las instituciones educacionales, para que una vez conscientes de los aprendizajes podamos generar el cambio que necesitamos. Es por lo mismo que estar en contacto con los productores y conocer a ciencia cierta los alimentos, nos pone en una posición de avanzada respecto de lo que llevamos a nuestro organismo, de las elecciones que hacemos a la hora de comprar y de la decisión que tomamos acerca de elegir correctamente dónde compramos. Tiene que ver con consumir reales alimentos, en las estaciones correctas y bajo procesos productivos sustentables y respetuosos. Tiene que ver con experimentar sabores reales y compararlos con los artificiales. Tiene que ver con degustar, con maridar y generar conclusiones de gusto particulares que nos ayuden a entender no sólo la importancia de la experiencia gustativa, sino que todo el conjunto de procesos asociados a esa experiencia.

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